
El mundo sufre la crisis de la pandemia. A la salida de la misma, la cual se vislumbra ya no tan lejana, comenzará un período de fuerte expansión económica. Tal cual, sucedió en las postguerras y crisis. ¿Cómo estará Argentina?
A lo que se vislumbra, muy complicada. ¿Por qué? Varios motivos.
- Es un país sin confianza. Los gobiernos populistas y fracasados, son los que están en la danza electoral. Duele ver que los malos dirigentes, en particular los vinculados con la economía (son los que puedo evaluar mejor), siguen dando vueltas sin rumbos. Mientras ellos sean referentes, tanto oficialismo como oposición, no hay motivo para confiar en el futuro argentino a nivel progreso.
- Es un estado sin ahorro ni inversión: en el mundo, sobra capital. Los agentes financieros están atiborrados de dinero, y al ser tan grande la oferta, el “precio” del dinero (tasa de interés) es muy bajo. Aquí siguen saliendo capitales, tanto económicos como humanos.
- No hay un plan. O al menos, si lo hay, no se lo comunica. Esto engloba al oficialismo y muchos de la oposición, con alguna excepción… pequeña esperanza.
- Todo se refiere a la política. Cómo si ésta pudiera corregir los problemas de la sociedad, cada vez más empobrecida.
- Nadie se hace cargo. Desde el 2011 (sin INDEC, se podría decir 2007 inclusive) hasta hoy, el número de pobres ha subido permanentemente. No es un tema del COVID-19, sino del desastre dirigencial. Si, de los mismo que hoy se ofrecen en las urnas.
- Se sigue insistiendo en medidas irracionales y tontas. Imponiendo cepos (un disparate repetido) por parte del Gobierno actual, hablando de la “independencia del BCRA” por parte de dirigentes de alto rango en el gobierno anterior, como si esto fuera una necesidad o materia importante. Está de moda y suena lindo (y tilingo al mismo tiempo) hablar de “inflation targeting” cuando en realidad se aprobó la timba financiera más grande de nuestra historia, el espantoso “carry trade” del gobierno anterior. Esta “genialidad” nos costó decenas de miles de millones de dólares. Nos endeudamos en 70/100 mil millones, sin hacer una sola obra de infraestructura significativa. Se gastó el dinero en repartos sociales de dudosísima eficacia (¿se quiso comprar votos?) y en intereses de la timba mencionada.
- Seguimos hablando de “ideologías” al referirnos a la economía y las finanzas. ¡En el mundo ya no se discuten más! En el mundo, casi no hay inflación, hay ahorro, hay inversión, aún en gobiernos socialistas y de extrema izquierda. Suelo repetir, que en la Rusia revolucionaria había bancos. La economía no es una ideología, es una necesidad y un compromiso de los políticos para con la sociedad para mejorar su bienestar.
- Se sigue castigando al que trabaja. La masa laboral no llega a los 10 millones de habitantes, y somos 45 millones. Hay impuestos al trabajo, a la inversión, al capital, etc. mientras tenemos un Gasto Público descomunalmente improductivo (algo señalado repetidamente por Florencio Randazzo como excepción a los demás políticos), las empresas están asfixiadas con tributos y no tienen finaciamiento.
- “Vender más” en Argentina es un problema, lejos de ser una solución. Financiar el capital de trabajo es carísimo, porque el sistema bancario básicamente le presta al Gobierno (el famoso crowding out, adonde el gobernante absorbe la mayoría del dinero, dejando “secos” a los privados), quedando solo el mercado financiero marginal para las Pymes, sobre todo.
Éstas, que producen más del 70% del empleo en el país, se ven sometidas a soportar tasas de dos dígitos elevados, o hasta de tres, con lo cual, si venden más y necesitan más capital, pierden en vez de ganar.
Estos temas mencionados, hacen que un país riquísimo en recursos físicos y humanos, esté como está, y ocupa los peores lugares en cualquier comparación con el mundo. Y seguimos hablando de elecciones y pavadas, en un triste show mediático sin comprometerse con los verdaderos problemas, sino causando aún más.
Por esto y unas cuantas cosas más somos un país rico con gente pobre.
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